Primero empiezas a sentir una pequeña presión en el pecho.
Poco a poco, tu cuerpo no puede parar de moverse: tus extremidades son incapaces de pasar un solo instante sin vibrar, sin temblar, es como si quisieran liberarse de algo.
La presión inicial va creciendo y empiezas a notar una voz en tu cabeza que dice no.
Todo a tu alrededor comienza a difuminarse. Te tocan y eso hace que tiembles más, que tu mente comience a desequilibrarse.
La primera lágrima cae. Esa es tu peor perdición. Cuando eso sucede sabes que ya nada va a hacer que pares.
Empiezas a no poder respirar. Tu llanto se hace cada vez más fuerte. Sientes la necesidad de gritar, de patalear. Te ahogas con tus propias lágrimas. El no de tu cabeza retumba como si le hubiesen puesto al máximo de decibelios. Te entra el pánico, tanto que incluso intentas no respirar, pero no lo consigues y eso te pone aún más nervioso.
Tus extremidades vibran aún más rápido. El no ya no suena, simplemente forma parte de ti. Tienes miedo de ti mismo.
Alguien viene a intentar calmarte. Intentas que se alguien se aleje, pero son más fuertes. Tu pánico aumenta, pero no puedes hacer nada, no puedes moverte, estás paralizado.
No puedes parar de llorar. En estos momentos las ganas de gritar ya no existen, solo tienes ganas de que desaparezca todo, de que se acabe. Sientes que te ahogas, que te vas a morir, pero no puedes hacer nada.
Silencio.
La película de terror se ha terminado.
Incluso en la sombra de la acera florece una flor. Las películas de terror siempre tienen un final y la protagonista, sea como sea, acaba bien... Deja que yo sae la vocecita que impide que llores, ¿vale?
ResponderEliminarTe quiero. Mucho.
Abrazo grande!
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