jueves, 21 de abril de 2011

Que se pare el mundo que yo me bajo.

Libros abiertos por todos los sitios posibles. Eso es lo único que se ve al entrar en mi habitación.
En la zona izquierda de la mesa, los libros de química y de física, seguidos de sus apuntes y más libros repletos de ejercicios resueltos de selectividad de esas dos asignaturas.
Los apuntes de filosofía y de historia en la zona derecha de la mesa. Muuuuchas hojas en sucio, muchos resúmenes a mano y a ordenador, y todos los apuntes de clase esparcidos por encima.
Y eso son sólo 4 asignaturas, quedan otras 4.
Encima del ordenador, tenemos inglés. Muuuuuuuuuuchas hojas con muuuuuuuuuuuchos ejercicios de frases.
Pero eso no es todos, queda aún la "aristocracia" de los apuntes. En el suelo, encima de la alfombra y encima de la cama, tenemos matemáticas, lengua y electrotecnia. Ejercicios resueltos de ambas asignaturas por todos los lados, modelos de selectividad, apuntes y libros, todo ello debajo de una gran capa de apuntes de literatura, debajo, a su vez, de grandes cantidades de descomposiciones de palabras y oraciones.
Entrar a mi cuarto y encontrar una zona libre de obstáculos es como buscar una aguja en un pajar.
Y aún no he empezado a estudiar, propiamente dicho. Simplemente he hecho cosas prácticas. Este fin de semana tengo que estudiarme: todo un curso de literatura, siete autores de filosofía, diez temas de historia, hacer dos trabajos de lengua y seguir con las cosas prácticas.
Pero... ¿para qué? Es decir, es obvio que porque me tengo que examinar de ello, pero no entiendo por qué estudio cosas como física o electrotecnia, teniendo en cuenta que ya las tengo para septiembre, o historia o química, si ambas las tengo aprobadas, etc., etc.
Y encima no hablemos de que tengo que examinarme de la segunda evaluación de lengua y que tengo que recuperar matemáticas porque no me examiné de ninguna en su momento.
Baaaaaaaah... Estoy hasta las narices de todo y de todos. Odio el mundo y a la gente que habita en él.
Como no mande todo a la mierda, el martes, cuando empiecen las clases, no habrá nadie que me soporte.

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