"Seguro que sabes qué quieres, qué sientes o qué sueñas... Sé que es improbable que identifiques un olor a tu futuro o un sabor a tus decepciones pero... Yo quiero que lo hagas. Que sepas qué quieres, qué sientes y qué sueñas y me digas sus colores, sus olores y el sabor de todas las cosas del mundo. Y quiero que me lo cuentes, sobre todo esto. "
Siento un impresionante nudo en el estómago, de esos que no me dejan respirar.
Con el paso del tiempo he aprendido, poco a poco, a imaginar un gigantesco ovillo de lana en el que se han enredado todos los colores. Después de visualizar claramente el ovillo, he de comenzar a desenredarlo, (¿qué otra cosa podría hacer?) miro fijamente un color y pienso en la manera de sacarlo del gran lío, y es entonces cuando empieza otra vez la confusión; veo claramente el color que quiero sacar: un precioso azul brillante, pero entonces empiezo a divagar (como siempre), y me planteo si no sería mejor sacar otro color, uno cualquiera, al azar, y no dejarme llevar por las primeras impresiones. Y es entonces cuando me auto-juzgo, me coarto, me hago miles de preguntas estériles: ¿y si el amarillo que se encuentra justo al lado del azul que yo había escogido por ser el color más bonito, es el que realmente más se lo merece, y el que más oportunidades tiene de salir de la madeja sin que yo me coma la cabeza? Al final opto por el amarillo, y empiezo a buscar sitios por los que podría salir el hilo, y encuentro lugares por los que si paso el amarillo enredo mucho más al azul del principio. El color que más me había llamado la atención al principio me mira con ojos tristes, pero a veces para lograr algo que se quiere de verdad se ha de sacrificar algo que se quiere un poco menos. Y cuando lo consigo, y tengo el magnífico y largo hilo amarillo chillón entre mis manos, separado del resto de los colores, ya no me gusta tanto, y miro al azul con impotencia y desconsuelo. Entonces es cuando me doy cuenta de que el azul es el color que debí haber escogido desde el principio, de repente lo sé, ya no hay dudas. El azul siempre estuvo ahí y no me reprochó que escogiera al amarillo aún cuando no tuviera ningún sentido escoger un color u otro, ¡son hilos de colores por el amor de Dios!, pero, para cuando me percato de eso, también soy consciente de que para sacar el amarillo he enredado tanto al azul que me será imposible sacarlo. Y aún así los ojos del azul no me reprochan nada, mientras que el amarillo se ríe ridículamente de la madeja de colores, donde los demás no pueden respirar y se ahogan, se ahogan… Y es entonces cuando dirijo una última mirada al color azul y me doy cuenta, si es que es posible, de lo mucho que lo echo de menos, aunque realmente nunca haya estado conmigo.
[...]
Tu miras y solo ves vacío.
"Y en el fondo todo se resume en eso: miedos absurdos o miedos bien fundados. Miedo a estar solo y a estar acompañado. Miedo a sentir muy fuerte y a no sentir. Miedo a todo lo que te rodea. Miedo a que se caiga una maceta, en cualquier calle, encima tuya. Miedo a darte cuenta, de repente, que nada de tu vida ha merecido la pena. Miedo ante aspectos existenciales y miedo a perder el autobús mientras piensas en ellos. Miedo. Miedo. Miedo..."
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