Empezaba a tener los músculos agarrotados y el trasero entumecido. Llevaba más de dos horas en la misma posición, sin moverme ni un centímetro... No tenía fuerzas para ello: la espalda apoyada y encajada en una de las esquinas de mi habitación, las rodillas flexionadas, la cabeza descansando en ellas, los brazos rodeando las piernas y con la mirada perdida. Así, al menos, me sentía segura.
Lo único que deseé desde aquel momento era que todo el mundo desapareciera, que el tiempo se detuviera. Pero eso no ocurría nunca: los segundos pasaban implacables y mi alrededor se hacía más y más confuso. En mi cabeza todo estaba echo un lío. Los pensamientos se entrelazaban y las palabras no fluían. ¿Por qué ha vuelto esta sensación? No lo entendía, pensaba que todo había terminado, que podría volver a empezar y dejarlo atrás, como si solo fuera un mal recuerdo. Pero no era así. Todo volvía a salir a relucir y parecía que la sensación estaba de nuevo latente, que me ahogaba y no me dejaba respirar.
En ese momento, entró ella por la puerta. Ella... Quería decirle que buena parte de que todo volviese a salir a la superficie era por su culpa, por no apoyarme, por no creer en mí, por no hacer que creyera en mí misma. Levanté la cabeza y vi como cerraba la puerta tras de sí y se sentaba al otro lado de la habitación, en mi misma posición, mirándome fijamente.
- No intentes gritarme. La culpa no es mía - dijo, como siempre, anticipándose a mis acciones.
Era lo que más odiaba de ella. Lo sabía todo sobre mí, era como si mi mente fuera un libro abierto, pero no servía para nada: no me ayudaba, o por lo menos no como yo pretendía, y siempre la notaba lejana, distante. Pero aún así no podía culparle, a pesar de que quería hacerlo con todas mis fuerzas.
- Lo sé, pero todo sería mucho más sencillo si lo fuera - reconocí, balbuceando.
- Puede ser, pero con eso no arreglarías nada.
Tenía razón, eso no podía negarlo. Pero me frustraba la idea de no saber cuando podría contar con ella para intentar arreglarlo, para intentar arreglarme.
- Solo... Solo quiero que todo el mundo desaparezca... Quiero... Quiero desaparecer...
Mientras pronunciaba esas palabras, noté un alivio momentáneo, pero éste se esfumó rápidamente dejando paso a una gran punzada de dolor en el pecho.
- Ni se te ocurra volver a decir eso - me reprochó con dureza.
- No creo que nadie me echara de menos si eso ocurre... - dije con la poca voz que me quedaba e intentando contener las lágrimas.
- Jamás vuelvas a decir eso, ¿me oyes? Tu y tu jodida negatividad... Deberías confiar un poco más en ti misma y convencerte de que eso no es cierto, que hay gente que realmente te quiere y te necesita.
- Ahora mismo eso me da igual... Tu no sabes lo que es sentirte completamente sola y vacía, ni que tus peores pesadillas se hagan realidad...
- No estás sola y puedes enfrentarte a ellas.
- ¿No lo entiendes, verdad? ¡No puedo, joder, no puedo enfrentarme a ellas! - repliqué alzando la voz.
- Eso es porque no lo has intentado de verdad... - dijo con cierto tono de tranquilidad en su voz.
- ¿Y tú qué narices sabes? ¡Lo he intentado con todas mis fuerzas! - repuse gritando-. Pero ya no me quedan... Llevo un año luchando contra mis propios demonios, sufriendo las 24 horas del día y teniendo miedo hasta tal punto de no querer dormir porque no sé qué tipo de pesadilla me encontraré cada noche...
- Estás exagerando... No todo es tan negro como lo cuentas...
Exagerando... No podía creer lo que estaba escuchando.
- ¿Me estás diciendo todo esto en serio?
- Sí. Lo único que veo es que te quejas y te quejas, pero no que hagas nada. Parece como si te estuvieras dejando llevar por la situación y no enfrentándote a ella. Es como si estuvieras esperando a que alguien lo hiciera por ti. Pero siento decirte que eso no va a pasar, al menos no por mi parte.
- Nunca lo entenderás... ¿¡Crees que es fácil ver como todo se desmorona y se jode a tu alrededor?! ¿¡Ver como nada te sale bien y que te destroce por dentro?! - grité con lágrimas en los ojos- No es fácil, joder, nada fácil, y mucho menos sin ayuda.
- ¿Ves? Tengo razón, estás esperando a que alguien lo arregle todo por ti...
No pude contenerme más. En ese momento exploté.
- No. - dije seria levantándome y acercándome a ella lentamente, dedicándole una mirada dura - A lo que estoy esperando es a que me des una pista, una maldita pista para encaminarme, algo con lo que poder empezar para salir de este bucle del que no consigo ver el final.
- ¿Cuándo vas a entender que yo no tengo las respuestas que tu buscas? - replicó con contundencia - Tu eres la única que puede salir de esa espiral de negatividad y sufrimiento que tu sola te has buscado.
- ¿Que yo sola me he buscado? - la miré perpleja.
- Sí - espetó - No confías en ti misma, no sabes lo que tienes y lo que no, te pasas el día buscando los por qués de acciones de las que no vale la pena plantearse nada, sueñas demasiado con cosas imposibles que hacen que cada mañana te desilusiones un poco más y veas todo más negro... ¿Quieres que siga?
- No... No... ¡No! - me giré bruscamente, dándole la espada - ¡Cállate! ¡No tienes razón! - pasé las manos por mi pelo, revolviéndolo alterada.
- Sabes que sí, sabes que todo esto es cierto... Pero sobre todo, en el fondo, sabes que la única que puede parar todo eso eres tú - hizo una pausa - Solo tienes que encontrar algo o a alguien por quien hacerlo, y, también en el fondo, tanto tu como yo sabemos que lo has encontrado - añadió con suavidad.
- ¡No sé cómo encontrarlo! - me giré bruscamente para plantarle cara - ¡Estoy harta de que...
De nada. Porque ahí, delante de mí, solo estaba mi reflejo en el espejo de mi habitación.
- Me estoy volviendo loca... - murmuré y volví a colocarme como antes de que empezara todo, sumida en mis nuevos pensamientos.
- Puede ser, pero con eso no arreglarías nada.
Tenía razón, eso no podía negarlo. Pero me frustraba la idea de no saber cuando podría contar con ella para intentar arreglarlo, para intentar arreglarme.
- Solo... Solo quiero que todo el mundo desaparezca... Quiero... Quiero desaparecer...
Mientras pronunciaba esas palabras, noté un alivio momentáneo, pero éste se esfumó rápidamente dejando paso a una gran punzada de dolor en el pecho.
- Ni se te ocurra volver a decir eso - me reprochó con dureza.
- No creo que nadie me echara de menos si eso ocurre... - dije con la poca voz que me quedaba e intentando contener las lágrimas.
- Jamás vuelvas a decir eso, ¿me oyes? Tu y tu jodida negatividad... Deberías confiar un poco más en ti misma y convencerte de que eso no es cierto, que hay gente que realmente te quiere y te necesita.
- Ahora mismo eso me da igual... Tu no sabes lo que es sentirte completamente sola y vacía, ni que tus peores pesadillas se hagan realidad...
- No estás sola y puedes enfrentarte a ellas.
- ¿No lo entiendes, verdad? ¡No puedo, joder, no puedo enfrentarme a ellas! - repliqué alzando la voz.
- Eso es porque no lo has intentado de verdad... - dijo con cierto tono de tranquilidad en su voz.
- ¿Y tú qué narices sabes? ¡Lo he intentado con todas mis fuerzas! - repuse gritando-. Pero ya no me quedan... Llevo un año luchando contra mis propios demonios, sufriendo las 24 horas del día y teniendo miedo hasta tal punto de no querer dormir porque no sé qué tipo de pesadilla me encontraré cada noche...
- Estás exagerando... No todo es tan negro como lo cuentas...
Exagerando... No podía creer lo que estaba escuchando.
- ¿Me estás diciendo todo esto en serio?
- Sí. Lo único que veo es que te quejas y te quejas, pero no que hagas nada. Parece como si te estuvieras dejando llevar por la situación y no enfrentándote a ella. Es como si estuvieras esperando a que alguien lo hiciera por ti. Pero siento decirte que eso no va a pasar, al menos no por mi parte.
- Nunca lo entenderás... ¿¡Crees que es fácil ver como todo se desmorona y se jode a tu alrededor?! ¿¡Ver como nada te sale bien y que te destroce por dentro?! - grité con lágrimas en los ojos- No es fácil, joder, nada fácil, y mucho menos sin ayuda.
- ¿Ves? Tengo razón, estás esperando a que alguien lo arregle todo por ti...
No pude contenerme más. En ese momento exploté.
- No. - dije seria levantándome y acercándome a ella lentamente, dedicándole una mirada dura - A lo que estoy esperando es a que me des una pista, una maldita pista para encaminarme, algo con lo que poder empezar para salir de este bucle del que no consigo ver el final.
- ¿Cuándo vas a entender que yo no tengo las respuestas que tu buscas? - replicó con contundencia - Tu eres la única que puede salir de esa espiral de negatividad y sufrimiento que tu sola te has buscado.
- ¿Que yo sola me he buscado? - la miré perpleja.
- Sí - espetó - No confías en ti misma, no sabes lo que tienes y lo que no, te pasas el día buscando los por qués de acciones de las que no vale la pena plantearse nada, sueñas demasiado con cosas imposibles que hacen que cada mañana te desilusiones un poco más y veas todo más negro... ¿Quieres que siga?
- No... No... ¡No! - me giré bruscamente, dándole la espada - ¡Cállate! ¡No tienes razón! - pasé las manos por mi pelo, revolviéndolo alterada.
- Sabes que sí, sabes que todo esto es cierto... Pero sobre todo, en el fondo, sabes que la única que puede parar todo eso eres tú - hizo una pausa - Solo tienes que encontrar algo o a alguien por quien hacerlo, y, también en el fondo, tanto tu como yo sabemos que lo has encontrado - añadió con suavidad.
- ¡No sé cómo encontrarlo! - me giré bruscamente para plantarle cara - ¡Estoy harta de que...
De nada. Porque ahí, delante de mí, solo estaba mi reflejo en el espejo de mi habitación.
- Me estoy volviendo loca... - murmuré y volví a colocarme como antes de que empezara todo, sumida en mis nuevos pensamientos.
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