Hoy me he dado cuenta de algo.
Al final soy yo siempre la que, por unas cosas o por otras, acaba llorando.
Supongo que lo tendré merecido.
También supongo que es por los errores que he cometido.
Aunque aprendo de ellos.
Sin quererlo, he acabado con el corazón roto.
Incluso he acabado con la poca autoestima que me quedaba.
Empiezo a pensar que esto no es lo mío.
Maldigo el momento en el que decidí que quería conocer gente nueva.
Pero no puedo volver atrás, así que he de asumir las consecuencias.
Recomponerme de todo esto es lo que me toca hacer ahora, empezar de nuevo de cero.
Esta vez con dos cosas claras: nada de errar y, por supuesto, nada de ella.
Primer paso: dejar de llorar por las noches.
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